La continuación de la popular saga de Ubisoft está a la vuelta de la esquina, y son más las preguntas que las respuestas. Ambientado en la región de Hope County, en Montana, el juego se basa en un planteamiento de mundo abierto en el que los disparos, los vehículos y los animales salvajes siguen teniendo una importancia capital. Pero, ¿Qué esperamos nosotros?

Far Cry es una saga difícil de espectar, porque junta de una forma muy estrambótica lo que nos gustaría que fuese y lo que suponemos que terminará siendo. Olvidando las primeras entregas, Far Cry 3 fue un referente de su generación con una historia, unos personajes y una jugabilidad envidiables. Sin embargo, la ‘Fórmula Ubisoft’ funcionó tan bien que se ha convertido en el la marca de casi todos los juegos de la compañía: Mundo abierto, exploración, progresión del personaje con ciertos tintes de RPG… ¿Qué decir? Es divertida, es funcional y, sobretodo, es muy buena en ventas; pero termina mermando el producto y consiguiendo que juegos como Far Cry 4 o Primal, por continuar con la saga, se sientan más bien repetitivos y poco innovadores. ¿Sucederá está vez lo mismo?

Yo creo que esta vez la empresa francesa va a saber manejar la situación de otra forma, ya que, desde hace años, está muy interesada en el multijugador y en el juego cooperativo como pudimos ver en Assassin’s Creed Unity o más recientemente en Tom Clancy’s Ghost Recon Wildlands, el cuál ha funcionado muy bien en ventas. Con este enfoque de campaña cooperativo, los desarrolladores no sólo buscan dificultar el crackeo del videojuego (tampoco vamos a mentirnos), sino que están tratando de acercarse a un sector de los videojuegos que parece que se está olvidando en la actualidad: La campaña cooperativa. Con un enfoque potente y divertido, y continuando más con el legado de Wildlands que con el de Far Cry 3, podría ser un juego novedoso y rompedor sin perder la esencia de la saga.

¿Respecto a la ambientación? Es cierto que al poner a Estados Unidos y a la supremacía blanca en el punto de mira en lugar de una isla perdida en medio del Pacífico ha generado controversia en el público y la prensa, pero a nosotros nos parece una ambientación perfecta para lo que busca mezclar y tan bien mezcla Far Cry: belleza y locura. La empresa ha respondido a las acusaciones con un simple “es un juego, no queremos ofender a nadie”, siguiendo la típica estela de no mojarse que permite que los videojuegos sigan sucios. A veces es necesario hacerlo, como muy bien hizo Bethesda con el Wolfenstein II: The New Colossus, y no hay nada de malo en estar en contra del sectarismo religioso: El fanatismo y la intransigencia tampoco buscan no ofender a nadie.

Quizás la jugabilidad sí que puede dejar las cosas un poco más crudas, porque, de nuevo, se ha visto como una continuación de la saga más, pero la inclusión del perro puede dar un enfoque tierno y divertido. ¿A quién no le gustaría acariciar a Dogmeat, en cualquier Fallout? Moviéndonos a cambios más significativos, considero acertadas las decisiones de quitar el minimapa y las atalayas, con la intención de hacernos prestar atención al mundo más que a la ubicación de unas torres, y eso es uno de los puntos claves en cualquier juego que pretenda ser vivo e inmersivo como éste.

Con todo esto, Far Cry 5 tiene nuestro voto de confianza para ser un buen juego, porque, si Assassin’s Creed Origins ha sido capaz de reavivar la llama de una saga ya quemada, ¿Por qué no deberíamos darle una oportunidad a su fiel compañera?

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