¿Sobrevalorado o justamente posicionado?

Como usuario y como jugador no suelo estar demasiado alejado de la crítica y la valoración global; sin embargo, este juego, no sé si debido a lo muchísimo que esperaba de él o a la influencia de ser un jugador recurrente de los juegos de mundo abierto, me ha dejado, cuanto menos, frío. Dieces y dieces a la nueva aventura de Link, que llena la boca de jolgorio de todos aquellos que han podido jugarla. Pero, ¿se los merece?

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Nos encontramos ante un mundo abierto, gigantesco y con un detalle y una belleza increíbles. El juego vence rápidamente ahí: en el cuidado, en los pequeños detalles y en el amor con el que muchas cosas están hechas. Las reacciones al clima están muy bien logradas, la cocina es realmente útil e incluso divertida y la caza y la recolección de recursos no se sienten pesadas en ningún momento (quizá sí se echa en falta algún crafteo o la reparación de armas y armaduras por uno mismo). Es imposible no perder las primeras horas simplemente corriendo por Hyrule maravillado observando todo lo que es capaz de ofrecer.

Sin embargo, no todo termina ahí. El juego es sin duda curioso, y tiene una calidad envidiable como mundo abierto; pero muchos se quedan ahí y un juego no puede limitarse a ser sólo eso. La historia principal, si la hay, es más bien vaga y no ofrece ningún tipo de interés: hay que enfrentarse al malo para salvar a la princesa, al más puro estilo Mario. Para ello, es necesario dominar a las cuatro bestias ancestrales, las cuatro con una subtrama muy similar (misión secundaria más bien facililla, aliado que nos recuerda al pasado y muchas flechas). Es difícil que siendo sólo cuatro se vuelvan repetitivos, pero este juego es capaz de conseguirlo. El final tampoco ofrece demasiado, pues es, de nuevo, lo de siempre. Las secundarias ya ni hablar, casi ninguna tiene ningún tipo de interés.

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Entiendo que la historia no lo es todo, es un punto más que, simplemente, cada vez se tiene menos en cuenta. No hay nada enrevesado ni ningún hilo que seguir con interés. Pero es un The Legend of Zelda: lo que ofrece es jugabilidad. Pongámonos con ella, y es que una de las cosas que más me molestan de este videojuego es que casi todas las herramientas y opciones jugables se desbloqueen en las dos primeras horas de juego, tomándoselo uno con calma. Una de las cosas que más me atraían de la saga era esa pequeña pizca de metroidvania que te acompañaba constantemente: “una grieta en la pared, hay que volver cuando tenga bombas”, “seguro que con un bumerán puedo encender aquella llama”. ¿Dónde queda eso? Todo está disponible desde el principio.

Una de las cosas que más pierde por eso no es la exploración, sino el combate. En entregas anteriores los jefes solían estar orientados al último objeto conseguido y a su uso correcto. Ahora estamos ante cuatro, y no más, “jefes” que son principalmente iguales y un Ganon final que tampoco ofrece ninguna habilidad novedosa respecto al resto. No es una batalla de ingenio, no es un combate en el que tienes que buscarte la vida: Tienes un arco y una espada, y ya, y aún así en eso se queda corto. El combate, sin embargo, es bueno y está muy pulido tanto en control como en posibilidades. Como tantas otras cosas del juego, la base jugable es exquisita.

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Pero sigamos con los enemigos. Su escasa variedad es otro de los problemas y es que parece que sólo hay diez enemigos con colores distintos. Es obvio que cada uno tiene su estilo de lucha, sus habilidades y sus armas; pero al final se limitan a leves variaciones. La inteligencia artificial tampoco destaca, y es que, aunque a veces resulte sorprendente o divertida, muchas veces puedes cargarte un campamento entero tirando bombas sin que se enteren de que estás ahí. En general, los enemigos son bastante cortos.

Lo que no es corto es el mundo, que es extenso a más no poder y está lleno de climas y variaciones de flora y de fauna. Se siente muy bien y muy vivo, aunque hay una notable falta de civilización (hay seis o siete poblaciones, bastante pequeñas a más nos alejemos del inicio) para un mundo de 60 km cuadrados. Las postas son en general una copia unas de otras, y terminan haciéndose bastante pesadas. No hablar de pesadez con atalayas y santuarios, pues de los últimos hay uno cada cuatro metros. Es increíble que nadie haya tenido curiosidad antes en ningún poblado por explorarlas. Como resumen, hay una notable falta de profundidad en todo el mundo. Es como que todo y todos están dónde están por estar.

En lo técnico, la banda sonora es muy buena, se siente agradable y acompaña a la aventura. Sabe cuando ponerse seria y cuando ser tierna. No tan tierna es la comunicación, que como marca Nintendo se basa en que muchos personajes se comuniquen mediante orgasmos. ¿Tanto cuesta hacer un mínimo doblaje? Aunque sea una lengua inventada. No queda bien.

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Los gráficos, bueno, dan para análisis aparte. Hay zonas muy detalladas y zonas que dan más bien pena. Entiendo que tanto la Switch como WiiU tienen una potencia limitada y constan del hardware del que constan; pero tampoco es cuestión de reutilizar texturas de PlayStation 2. La hierba se ve muy bien, eso sí, y, mientras que el problema se siente más en el mapeado, tanto los personajes como las ciudades como los objetos se ven espectaculares. Se nota que todo lo que tiene un diseño artístico detrás está bien dirigido.

La dificultad tampoco es destacable, ni a nivel lógico ni a nivel de machacar botones. Los santuarios son en general bastante fáciles y se pueden resolver sin mayor dificultad. El combate tampoco es complicado en la dificultad Normal, aunque sí que es cierto que es muy poco justo con los aventureros. Muchos enemigos son capaces de matarte de un golpe gran parte de la partida, y eso lo vuelve un pozo de muertes sin cesar. Eso sí, no es un problema, no es malo que un juego ponga sus propios límites o retos.

link_artwork_botw.pngFinalmente, la duración es realmente espectacular: el juego da para horas y horas en una historia principal y cientos de horas adicionales para recorrer el mundo y descubrirlo. Sin embargo, de nuevo, tienes sus pegas y es que creo que el videojuego respeta muy poco el tiempo del jugador. Es necesario perder muchas horas en llegar a las atalayas, descubrir el mapa, alcanzar nuevos santuarios… En definitiva, es un walking simulator la gran parte del tiempo.

Para resumir, estamos ante un juego que se ha valorado demasiado alto debido a que gran parte de su público está acostumbrado a otro tipo de mecánicas. Bajo mi opinión personal, como amante de los videojuegos de mundo abierto, con la saga The Elder Scrolls en cabeza y de los juegos de Zelda con Phantom Hourglass representando, se me queda corto en ambos aspectos. No estamos ante un Morrowind: no es rompedor, no es innovador y no es profundo. Es un buen juego, sí, por supuesto, pero tiene una valoración que no es justa y que, en muchos casos, intenta justificar haber pagado 400€ por él.

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