Viaje sin retorno hacia el Valhalla

Siguiendo la estela de analizar juegos en Early Access, ha llegado el turno de la obra de Shiro Games, un RTS con un estilo muy propio, un diseño artístico desenfadado y lo que a todos nos gusta: Vikingos. El juego va a cumplir muy pronto un año en Steam y esta semana hemos tenido la oportunidad de jugar una beta cerrada con las cinco primeras misiones de la campaña y venimos con respuestas: ¿Es buena la campaña? ¿Siguen mejorando el juego? ¿Qué opinión nos merece?

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Poniéndonos en contexto, estamos ante un videojuego de estrategia en tiempo real que rediseña conceptos clásicos como la cuadrícula y la gestión de recursos. En lo que respecta a lo primero, el mapa está construido mediante una cuadrícula hexagonal como en el Civilization, pero cada posición está ampliada de modo que se pueden construir entre dos y seis edificios dentro. Cada una de estas regiones, que deberá descubrir nuestro explorador, tiene sus recursos específicos y sus bonificaciones y es muy importante tener claro hacia dónde avanzar. Sin embargo, el movimiento de unidades, el combate y la construcción se gestionan en tiempo real, generando una mezcla muy interesante entre el RTS y el TBS.

En lo que respecta a los recursos, el juego cuenta con unos eventos muy presentes como las ventiscas, las ratas o los terremotos, sin olvidar en ningún momento al constante y peligroso invierno, que será un enemigo más mortífero y cruel que la propia IA. Lo difícil aquí no es conseguir recursos, sino mantenerlos. Algunos son fáciles de conseguir y fáciles de perder, otros son clave para el avance, pero se encuentran en regiones específicas del tablero. Sin embargo, no todo es bueno. Pese a que pueda parecer novedoso y fresco al principio es algo que termina haciéndose muy pesado y hace las partidas excesivamente largas. Otro de los problemas de los recursos es que principalmente sólo sirven para sobrevivir, pero aunque llegues a tener 2000 de comida en los silos no te servirá absolutamente para nada.

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De esta base salen ya dos problemas principales y gordos en un RTS: Es imposible hacer un rush puro y duro y destrozar al enemigo antes de que tenga defensas y es igual de imposible hacer un boom económico. Lo primero es excesivamente complicado porque las zonas deben descubrirlas exploradores, las unidades no pueden, así que aunque tengas el ejército de terracota no serán capaces de atacar a una oveja si el explorador no la ha marcado antes. Es algo que se siente realmente poco natural. Por otro lado, el boom económico tampoco tiene sentido porque, como hemos dicho arriba, no se puede aprovechar una producción en exceso de recursos.

Respecto a la variedad, existen ahora mismo seis facciones con las que divertirse, cada una con un lore propio (que se traduce en tecnologías especiales) y una forma de adaptarse al juego distinta. En general sí hay una diferenciación entre ellas a nivel de concepto, pero a nivel jugable es todo demasiado parecido. Otro de los problemas en la variedad es la falta de unidades. Mientras que en el caso de los enemigos suele ser suficiente para lo que es el juego, las unidades propias se quedan cortas y es que contamos sólo con una unidad cuerpo a cuerpo, una a distancia y otro que es más bien de asedio. Se queda definitivamente corto y no costaría nada añadir dos o tres unidades adicionales y, a poder ser, diferenciadas entre facciones.

Finalmente, y, respecto al apartado artístico, el juego es impecable en este aspecto. La ambientación nórdica es increíble, tanto en lo real como en lo fantástico, con Draugrs y Vakirias corrompidas poblando el mapa. El estilo es fresco y agradable, una mezcla entre cartoon y poligonal que sienta bien y no se hace pesado y termina siendo un poco la marca de la casa. La banda sonora está muy bien conseguida, recuerda a los hijos de Odín y llega a ser épica, pero la falta de variedad la convierte en repetitiva demasiado pronto. En general, es uno de los puntos fuertes, y todo esto con un buen rendimiento, muy pocos bugs.

Poniéndonos ya de pleno con la campaña, el acceso que hemos tenido a la historia principal estaba limitado a las cinco primeras misiones, las cuales parecen servir como tutorial para el multijugador. No por ello son demasiado fáciles, llegando a ser alguna de ellas (especialmente la tercera) un infierno si eres incapaz de manejar la situación. Cada una de las misiones que hemos jugado propone una situación distinta: puesta en marcha, expansión, la ofensiva, el comercio y supervivencia.

El hilo conductor de la trama es un viaje hacia el Northgard, una isla al norte en la que nuestros personajes quieren encontrar fama y honor. Sin embargo, pronto se encuentran con un poderoso enemigo que obliga a distintas tribus a cooperar entre sí para poder vencerlo. Por una parte, en lo que respecta a ese hilo, parece que estamos ante una historia de unificación, en que el Norte volverá a estar junto de nuevo. Por otra parte, y lo que parece realmente importar, tenemos la opción de jugar con distintas facciones según la misión de la campaña, lo cuál nos da cierta libertad.

Uno de los puntos fuertes es la rejugabilidad, ya que después de cada misión se nos da la opción de rejugarla, eso sí, conociendo ahora objetivos adicionales como llegar a x número de recursos, tener tantas tropas o haber destruido a tal facción.

En general, resulta entretenida y supongo que mejorará con el tiempo, pero la trama no engancha y, a nivel jugable, es mucho más divertido batallar contra personas que contra la inteligencia artificial, que, por cierto, no es mala.

En conclusión, estamos ante un juego que intenta ser novedoso en muchos aspectos y que funciona realmente bien a la hora de jugar con amigos, pero se vuelve denso y repetitivo al poco tiempo. Lo recomiendo a todo aquel al que le guste la ambientación nórdica y busque algún RTS distinto, pero me parece que se queda por detrás en lo jugable respecto a muchas otras entregas del género.

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