¿Están condenadas a desaparecer?

Uno de los recuerdos más tiernos que tengo de mi infancia era el de comprar un videojuego, llegar a casa, abrir la caja y pasarme la noche leyendo el manual para dar lo máximo de mí al día siguiente. Era un ritual sagrado, una especie de ceremonia previa al vicio que servía de tutorial en aquellos tiempos en los que se aprendía a base de muertes. Sin embargo, la magia terminó el primer día en que abrí la cajita y sólo había una hoja con la key y un enlace al PDF más cercano. Poco a poco la depresión se instauró en todos los juegos, llevando luego a la desaparición completa de los manuales, los rituales y el olor a juego nuevo. Fue entonces cuando empecé a comprar todo en su versión digital.

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Pese a todo, siempre hubo ese pequeño bastión del bien, esa compañía con carátulas coloridas y ese tamaño tan adecuado para quedar bien en una colección que era imposible resistirse. Nintendo sabía hacerlo y es que me gustaba lucirlos, mostrar mi pequeña colección a todos mis amigos y fardar de compañía. Pero la diversión duró poco: Las cajas cada vez más escuetas estaban perdiendo calidad y, con la llegada de la Switch, llegaron a un punto de rozar lo depresivo con tamaños enormes para un mísero cartucho de pulgada y media. ¿A qué se debía esa falta de cariño al formato?

A día de hoy, la cosa no mejora, y es que el problema ya no se reduce a un mero manual que muchos ya damos por perdido: el formato físico se está viendo amenazado, se está forzando la falta de fe en él a base de injurias y relegaciones. Cada vez se premia más la compra digital y eso hace que perdamos en muchos aspectos. Pero, ¿en cuáles?

Luigi_with_Coins.pngPor una parte, y de lo más importante, entre los afectados se encuentra el precio. Mientras que la versión de descarga cuenta en ciertas ocasiones con descuentos y promociones, las ediciones físicas se mantienen estables por mucho que pasen los años, obligando al cliente a pagar una cantidad de dinero adicional, y generalmente desorbitada, para lo poco que aportan una cajas cada vez más vacías. Además, existe la polémica de los puntos de oro, que entre otras lindezas aportan una recompensa cinco veces mayor a quién compra un juego en su edición digital que a quién se gasta el mismo dinero en físico.

largePor otra parte, la falta de opciones en Switch resulta limitante. Si has comprado un juego con cartucho no existe la posibilidad de instalar ese juego en la consola, de modo que hay que tenerlos siempre a mano para jugar cuando apetezca. ¿El espacio es limitado? Sí. Pero las opciones de personalización siempre son de aplaudir y de anhelar. Tema aparte que Nintendo potencie la descarga e instalación de juegos de forma digital en una plataforma en la que espacio interno es más bien reducido.

Paper_Mario_8_-_TTYD.pngEs obvio que Nintendo busca incentivar la venta online, puesto que les reporta muchos beneficios no sólo por la falta de materiales utilizados sino por la desaparición de los costes de distribución y de porcentajes de terceros. Sin embargo, el hecho de que esto no parezca ser algo puntual me hace pensar en otro aspecto, quizás más a largo plazo: la piratería. Casi todas las consolas de Nintendo terminan con “mejoras” o cartuchos ilegales que permiten la emulación o carga de copias de sus propios juegos. ¿Desaparecería todo eso en un futuro con consolas sin entrada física o es simple fantasía?

En resumen, el formato físico se está viendo amenazado ya no sólo como nos gustaba conocerlo sino como lo que es hoy en día. La compañía de Mario siempre ha tratado con mucho mimo a sus IP’s, pero el consumidor siempre se ve relegado a un segundo o tercer plano. ¿Estamos ante un movimiento necesario por parte de la industria o ante un ataque a nuestros derechos como jugadores que deberíamos defender a capa y espada? Es nuestro deber decidirlo y actuar en consecuencia.

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