Una de piratas, pero no dos

Uno de los sueños de todo niño que se precie es el de ser pirata, formar una pequeña tripulación y lanzarse al mar con la única compañía de una bandera que ondea libertad. Para mí, los combates navales, la búsqueda de tesoros y el canto de salomas a pleno pulmón no son más que ligeros añadidos a la idea romántica de ser los únicos amos de nuestro destino. La nueva entrega de Microsoft, Sea of Thieves, busca sacar a flote (nunca mejor dicho) a ese pequeño aventurero que tenemos dentro, y, tras haber probado la beta, hemos de decir que lo consigue hacer muy bien, al menos, a corto plazo.

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Nada más empezar con este acceso anticipado tendremos la posibilidad de elegir con qué personaje queremos divertirnos, qué tipo de barco ocuparemos y si queremos hacer un matchmaking público o privado. Estamos ante un juego puramente pensado para jugar con amigos, así que pierde mucho el hacerlo contra desconocidos o en solitario, pero cada cuál sea bienvenido a afrontar su propia aventura como quiera. Echo en falta una personalización mayor en el personaje y, sobretodo, en las embarcaciones, ya que se limitan a grande, mediana y pequeña, en función del número de tripulantes, y me gustaría poder elegir entre un número de posibilidades mucho mayor: carabela, bergantín, goleta, navío…

Respecto a la jugabilidad, todo se basa en la aventura y la exploración: Gracias a unos puzzles y acertijos que nos ofrecen en la isla principal seremos capaces de localizar cofres y recompensas, que deberemos entregar de nuevo en nuestra base para obtener dinero por ello. Podremos utilizar este beneficio para mejorar nuestra equipación o nuestra apariencia y hasta ahí la beta. ¿Qué quiero decir con eso? Que lo demás es pura repetición. Cada una de las islas a las que nos envían tiene su propia forma y contenido, pero rápidamente se extraña una mayor variedad.

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La aventura no es la única marca de un pirata. Las batallas navales forman parte de la epicidad y la grandeza que se halla entorno a estos hombres de mar. Sin embargo, aquello que debería ser lo más épico es uno de los puntos flacos de la obra, al menos en la beta, y es que la reparación es mucho más rápida que la destrucción, por lo que un barco puede sobrevivir fácilmente a una docena de cañonazos. Aún así, aunque logres hundir el navío en un combate la tripulación reaparece en otro barco igual, perdiéndose la sensación de pérdida o de tener algo que defender. En general, resulta mucho más interesante a nivel de beneficio y practicidad el realizar un abordaje.

Sin embargo, ya en el barco enemigo, nos encontramos ante un problema similar. El combate es muy tosco, y la poca penalización por muerte permite que los enemigos reaparezcan en el barco al ritmo que los vas matando, lo cuál se siente realmente falso y desmotivante. Más allá de los abordajes, los combates que tendremos contra esqueletos son muy fáciles y la variedad de enemigos ahora mismo se reduce a estos últimos y a tiburones. Tal vez en un estado más avanzado (o echándole más horas a la beta) se descubran nuevos peligros, pero por ahora se sigue sintiendo profundamente limitado.

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¿Por qué conquista tanto el juego, entonces? Por la inmersión y el maravilloso cuidado por los detalles. Navegar se siente verdaderamente real con el oleaje y el viento, obligándote a estar siempre pendiente de las velas y el mapa, el cuál sólo podremos consultar de forma física y no mediante un botón mientras navegamos. La posibilidad de tocar instrumentos tampoco se queda corta, generando una ambientación muy verídica gracias a una banda sonora adecuada y épica. Otros detalles como tener que mover las balas del cañón una a una para recargar, reparar el barco y vaciarlo de agua son realmente inmersivos. Como dato, una de las cosas que más nos ha hecho gracia es la extravagante variedad de cofres, con uno que incluso llora y te llena el barco de agua.

Finalmente, y hablando de lo técnico, el juego se ve espectacular. Mientras que el estilo cartoon y poligonal le da un toque personal y relajado, la maravillosa calidad en el diseño del oleaje y el océano en general es envidiable y debería ser un estándar para cualquier próximo juego que implique adentrarse en el mar. Quitando esa puntualización respecto al agua, el estilo utilizado se siente quizás demasiado limitado, y hubiese sido mejor intentar simular un realismo o, al menos, una tonalidad más oscura que intuyese que la navegación y la aventura puede ser también un peligroso reto.

15429_sea-of-thieves-prev.pngUna vez dicho todo lo que hay, es hora de hablar de todo lo que falta, y eso es probablemente el principal problema de Sea of Thieves: su potencial. Lo que podría ser espectacular se ha quedado en interesante o divertido y es que se echan en falta tripulaciones, mejoras en los barcos, batallas contra jefes en algunas islas, puzzles más enrevesados y un largo etcétera de buenas ideas que, de no aparecer en la versión final, dejarán el juego en un complicado limbo de “lo que pudo haber sido”. Personalmente, creo que van a dejarlo así para apostar por un Sea of Thieves 2 completo en un par de años, pero nunca he sido un buen Nostradamus, así que me limitaré a desear que todo salga bien.

En resumen, estamos ante un juego realmente divertido y original a corto plazo pero que se va volviendo repetitivo a medida que nos adentramos en él. La sensación es más indie de lo que debería ser un juego de 60€, micropagos incluidos y se queda más en una plataforma con potencial que en una obra completa. Ojalá nos equivoquemos, pero por el momento no recomendamos comprarlo, mucho menos en la Windows Store.

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