Donde la novedad y la nostalgia se unen

Siempre tengo dudas sobre si el primer videojuego que jugué en mi vida fue el Pokémon Azul o el Super Mario Bros, ambos para la Game Boy Color. Si bien tengo algunos recuerdos vagos de acompañar a mi padre en sus aventuras por la NES, esos dos fueron los primeros juegos que terminé, mi inicio en este mundo y, probablemente, dos de las obras a las que más horas le haya echado en mi vida. Eran otros tiempos, y se rejugaba más. El caso es que, más allá de esa duda inicial, Super Mario Bros Deluxe fue un juego con el que me crié, una de esas obras que perduran por mucho que pasen los años y que queremos que todo el mundo trate con respeto. Casi veinte años después de aquel lanzamiento en la Game Boy Color, más de treinta del estreno inicial para NES, Mario Odyssey me ha hecho sentir algo parecido: el sonreír jugando y el querer encontrar los límites de mi curiosidad y mi imaginación.

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Si bien el factor nostalgia está muy presente, diría que incluso a flor de piel, no estamos ante un juego que se alimente puramente de eso. Es obvio que toca el tema, aunque lo hace magistralmente. Nintendo lo aprovecha y lo sabe hacer, por lo que tampoco desagradará a nadie que no haya jugado a entregas anteriores. Y esa es la gracia. La relación entre lo viejo y lo nuevo es lo espectacular en este juego y, para conseguirlo, no sólo tendremos muchas referencias que nos recordarán a entregas anteriores, sino unas zonas especiales a las que accederemos a través de tuberías en las que volveremos al mundo bidimensional en que nos criamos. En el late-game, incluso, podremos obtener una skin de Mario 64, capturar conejos en Reino Champiñón o incluso convertirnos en Yoshi. ¡Una joya!

Pero, de nuevo, no os preocupéis. No todo lo que vemos en el la nueva aventura de Mario es para viejos y nostalfags. La jugabilidad ha cambiado muchísimo y eso es gracias a nuestro nuevo compañero Cappy, un fantasma capaz de poseer todo aquello que toca y que se aliará con nosotros con la finalidad de recuperar a nuestras chicas, ambas secuestradas por Bowser. En posesión de nuestra gorra, nos ayudará a combatir, a llegar más lejos y a poseer a aliados, a enemigos e incluso a elementos inmateriales que contarán con características especiales con las que acceder a nuevas zonas para solucionar puzzles. Desde un goomba a un dinosaurio, pasando por un tenedor, cada cuál tiene sus cosas buenas y sus cosas malas, pero todos encontrarán su modo de ser útiles.

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Centrándonos ya en el contenido, la historia principal del juego no se escapa de lo esperable en un Mario: Bowser ha secuestrado a la(s) princesa para casarse con ella y el fontanero será el encargado de luchar con él y rescatarla. Sin embargo, no es todo tan lineal como pueda parecer en un inicio. No sólo surgirán problemas y desviaciones, sino que cada zona contará con su pequeña aventura, su propio jefe y sus propias costumbres locales, que se traducen en minijuegos como una carrera por la nieve, encontrar músicos o incluso participar en un concierto.

Pese a todo, lo importante en este juego no es su trama, sino sus puzzles y su calidad. Para mejorar nuestro barco y navegar hacia la siguiente zona deberemos de encontrar energilunas, unos coleccionables que aparecerán tras pelear con distintos jefes y luego de solventar ciertos puzzles. Para avanzar será necesario coger unas pocas, pero cada mapa cuenta con una cantidad ingesta de puzzles y posibilidades, siendo esto la verdadera gracia del juego: lo mágico y lo realmente divertido. En esta misión opcional, la curiosidad y la imaginación son las únicas fronteras.

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Cientos y cientos de coleccionables son la base jugable del juego y lo que hará que convirtamos poco más de diez horas de campaña principal en una media de ente treinta y sesenta horas para conseguir pasárnoslo al 100%. La rejugabilidad es absoluta y la absorción igual, en ningún momento se volverá cansino o repetitivo. Como ejemplo, siendo una persona que tiende a odiar este tipo de elementos en los videojuegos, he disfrutado como un crío de cada contrarreloj, cada nueva zona y cada camino alternativo.

Hablando de zonas y caminos, el mapeado no se queda nada corto, y es que contamos con diecisiete localizaciones, realmente diferenciadas entre sí y con una calidad y un diseño espectacular. Centrándonos ya en lo técnico, si bien no estamos ante ningún portento gráfico, se ve de maravilla por la constante variedad, el colorido y la vida que respira cada uno de los reinos. Importante no dejarnos la banda sonora, que es realmente buena y sabe cuándo ser pausada y cuándo ser verdaderamente épica.

mp10_mario.pngFinalmente, lo malo. Y es que lo poco que distancia a Mario Odyssey de ser una obra maestra (nos nos engañemos, lo sigue siendo) es su control y su cámara. Quizás ésta debería de aprovechar más el uso de perspectivas o la orientación, ya que gran parte de los errores del juego se deben a saltar donde uno no quería, a lanzar la gorra en la dirección opuesta o a saltar hacia un vacío pensando que la plataforma medía un metro más. Estamos ante un arma de doble filo, porque cambiar eso significaría perder parte de la exploración, la localización de esos pequeños recovecos que no veríamos sin jugar con la cámara en cada esquina. Es un fallo, sí, pero es un fallo muy menor en relación a todo lo que aporta.

En resumen, Mario Odyssey es un juego espectacular no sólo para los nuevos jugadores sino para todos aquellos que quieran revivir grandes momentos de su infancia. Las referencias son magníficas, la calidad es envidiable y la diversión está asegurada. ¡Recomendado a todo el mundo!

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