Una historia de luces y sombras

Una de mis sagas favoritas de todos los tiempos siempre ha sido Final Fantasy, y es que, como a tantos otros, la mezcla entre la nostalgia y la calidad que aportan una historia entrañable, una banda sonora estremecedora y una jugabilidad que se reinventa en cada entrega es un deleite. No he jugado a todos, no, ni mucho menos, ni soy de los que se rinden al concepto fácil de “el mejor fue el [inserte entrega a la que jugaste de pequeño]”, y creo que esa perspectiva madura, más allá de ese público tan abierto al que se entrega este videojuego, es algo que bien llevado aporta, e incluso diría que no resta, porque si de algo peca la saga es de un público conservador y chapado, al que es realmente difícil sorprender con algo que intente reinventar la rueda de verdad.

final_fantasy_versus_xiii-3896778

A los jugadores de siempre y a los que hoy descubren Final Fantasy”, así se presenta Final Fantasy XV después de diez años de desarrollo, después de habernos traído altibajos por doquier a la espera de un Versus XIII que nunca llegó, de tantos tráilers y promesas incumplidas… ¡Y no sólo eso! Los que quisimos jugarlo en PC tuvimos que esperar más de un año para que sonase la flauta. ¡Pero menuda flauta! La versión completa no tiene nada que envidiar, y por primera vez en mucho tiempo estamos ante una adaptación bien hecha y no un port cutre al que nos tiene tan acostumbrados Square Enix. Pero poco a poco, de eso hablaremos luego.

Si algo ofrece la quincena entrega de la saga en cada uno de sus aspectos es un notable contraste entre opuestos, ya no solo en lo agridulces que puedan resultar decisiones narrativas o de diseño, sino, y no hay mejor muestra de ello, en la apuesta por la reinvención de una saga tan conservadora sin llegar a perder la esencia por ello. Por primera vez nos encontramos ante un sistema de combate en tiempo real en el que Electro y Piro aún tienen cabida, disparamos con una ametralladora a un Boom Eléctrico o conducimos nuestro flamante coche mientras escuchamos de fondo la banda sonora que acompañó a Cecil en sus mejores momentos. Todo es verdaderamente nuevo, tanto que abruma, y, a la vez, no era capaz de diferenciarlo de una entrega clásica mientras lo jugaba. El planteamiento del III, los toques en la banda sonora del IV, la magia del VIII, las vueltas de guion del XIII. Muchas similitudes de las que no puedo hablar sin entrar en spoilers, pero la mejora es palpable, y se agradece.

ffxv_pc_new

¿Y qué mejor concepto para hablar de cambios que el combate? El combate en tiempo real que tanto asustaba sienta de maravilla. Los combates son fluidos, es fácil plantear distribuciones en las que buscar la espalda a un enemigo, rodearle, alejarle del grupo y un sinfín de virguerías que éramos incapaces de hacer en anteriores entregas. La inteligencia artificial de los aliados es sublime, y los pelos de punta cuando Gladiolus te salva de un ataque mortal o Ignis corre a revivirte tras un golpe que te ha dado de lleno son algo inevitable. No todo es perfecto, por supuesto, y es que pese a que el juego se complica a medida que pasan las horas, en ningún momento llega a ofrecer la dificultad que ofrecían entregas anteriores en según que puntos, y es que Final Fantasy XV es muy fácil y, no lo podemos negar.

Como aporte personal, eso sí, para mí lo peor es el sistema de magia y clases. Por un lado, tener que llevar sí o sí a cuatro personajes físicos es algo que cuadra en la historia, pero haber podido llevar un mago, un sanador y un tanque de compañeros no se me hubiese hecho nada pesado. ¿Por qué no se puede? Porque la magia tiene un papel muy secundario, en forma de granadas y pequeños detalles, y eso hace que no se juegue tanto con las vulnerabilidades (ojo, se sigue haciendo), con el uso de libra (muy escondida y con la obligación de cambiar el tipo de batalla) y con la gracia de tirarse prisa, intentarlo con petra, y si no seguir con Electro+++ hasta el final de la barra de maná. Aquí es un recurso segundón, y lo hecho de menos.

a81d4969eb2de731_848x477

Pero volvamos al grupo, y es que si algo es Final Fantasy XV es la historia de cuatro amigos con los que hasta el más duro es capaz de empatizar. Todos muestran un carácter y una evolución, existe una preocupación recíproca por los miembros del grupo y he de decir que he dicho chapó más de una vez cuando Prompto me ha recordado tras una batalla dura que deberíamos de ir a comprar más pociones. Las propuestas estratégicas, el vínculo, el valor de una amistad y el peso de tener que despedirse cuando acabes el juego son abismales. Durante unas treinta horas, que son lo que he tardado en terminar la historia principal, he tenido unos amigos de verdad que a nadie le gustaría perder. Conocéis esa sensación, ¿verdad? Es como terminar Friends y suspirar pensando que nada de eso era real.

Real como la vida misma, y es que si en algo tiene un diez el videojuego es, en conseguir, por fin, que quiera salir ir a una batalla bien desayunado, que me preocupe por dormir y que sepa cuando toca pagar por una buena cama. Lo he intentado miles de veces en miles de juegos y con miles de mods para Skyrim, y es que ni la alimentación ni el sueño, por muy realistas que sean para nosotros, me parecían algo que quedasen bien en un videojuego. Era forzarlo demasiado, quitar el arcade para replicar la vida en el RPG, sin una forma válida… hasta este juego. Chapó a la ejecución y al diseño. Tener que dormir para asimilar la experiencia me parece la idea más acertada que he visto en mucho tiempo, así como poder cocinar (con una pinta estupenda, he de decir) recetas capaces de hacerme la boca agua y de permitirme derrotar a un enemigo al que no le podía hacer punta tres costillas de garula antes. Una ejecución, de nuevo, estupenda.

monster-of-the-deep-final-fantasy-xv-review-397-1280x720

Otra de las cosas que se siente real es el mundo, con fauna con su hábitat y su comportamiento propio. Algunos animales te atacarán, otros te ignorarán y otros seguirán pastando por mucho que tu estés teletransportándote por ahí. Tendrás que parar en la carretera porque cruzan unos Qiongji, pensártelo dos veces antes de conducir por la noche y, por que no, salir de caza o recoger verduras si quieres cenar un buen plato. Lo que no me gusta del mundo, y puede parecer una tontería de primeras, es el motor gráfico utilizado. Luminous Engine queda precioso en paisajes y cinemáticas, pero su pésima integración del jugador con el entorno hace que se sienta antinatural. ¿Por qué no puedo saltar una valla, romper una rama o recoger un objeto del suelo más allá de un punto brillante? Parece que lo hicieron para las fotos (que preciosas quedan, ya lo sabe Prompto) y se olvidaron de que no es una película.

Noctis_job2En lo técnico, el motor sí que alcanza una calidad bastante buena para lo que se nos tiene acostumbrados, pero el rendimiento es un poco bajo comparado con calidades gráficas similares en otros videojuegos, y tiene algunos fallos como una mala integración del anti-aliasling, un color sobresaturado en algunos momentos y cierta inestabilidad cuando se abusa de Lux, granadas o efectos especiales. Eso sí, ajeno al motor pero todavía en lo quizás más técnico, tanto la traducción como el doblaje al inglés son sublimes. Personalmente, no me gusta el doblaje tan libre (muchas frases perdían su significado al traducirse en casos fácilmente solventables de otro modo), pero he de reconocer que hay un gran trabajo detrás.

IMG_1545.pngPese a todo, y como en cualquier Final Fantasy, aquí hemos venido por la jugabilidad, los gráficos o la banda sonora, pero nos quedamos por la historia, ¿no es cierto? Empezaré diciendo que para mí la saga ya es sinónimo de disonancia ludonarrativa y es que nunca seré capaz de entender que las Colas de Fénix sólo sean capaces de revivir a personajes fuera de cinemáticas y el porqué no se instaura su uso a gran escala. Pero este juego se pasa un poco, y es que si algo me molesta de las misiones secundarias (que son una barbaridad y son, en su mayoría, entre pasables tirando a malas y casi-divertidas) es que le pidan al rey que vaya a traerles las chanclas que se han olvidado en el pueblo. Misiones estúpidas por doquier, un cúmulo de encargos indignos ya en un MMO y unas ganas de perder el tiempo que no tienen ningún tipo de cabida en los planes de un sucesor al trono que acaba de sufrir un golpe de estado.

Pero bueno, estamos hablando de un RPG, o un intento de ello, y esto es algo esperable y que siempre se puede asumir, pero donde los altibajos se vuelven más evidentes es al llegar a la historia principal, que resulta una mezcla de aburrida, intensa, divertida, triste, dramática y peliculera que evidencia el constante desarrollo y el cambio de guiones y guionistas que ha sufrido este juego. Más allá de que a esta historia no le siente bien un mundo abierto, al menos no de la forma en la que está planteado, hay ciertos problemas en el ritmo que no llegan a solucionarse en ningún momento. Algunos episodios duran cinco horas y otros son una única misión de quince minutos, para encontrarnos con Titan o Leviatán tenemos una gran cantidad de cosas que hacer, una batalla épica y un trasfondo espectacular, y para el pobre Ramuh tenemos que andar mucho, y ya. Muchas cosas podrían haberse alargado (a los últimos capítulos les hubiese sentado muy bien poder explicarse un poco más, o sacar jugo de ciertos momentos de lo que no quiero hablar por no entrar en spoilers), y algunos de los primeros se podían agrupar en packs de incluso dos o tres capítulos seguidos.

ffxv-regis.jpg

Hay mucho relleno, sí, pero al final la historia es profunda y atrapa, más quizás por todo lo vivido que por lo que queda por vivir, y es que más que querer saber cómo termina todo, lo que nos duele es saber cómo terminaremos nosotros, nuestras amistades, nuestros amores… El trasfondo es, sin llegar a lo sublime, realmente bueno y la trama de los Sidéreos, el elegido y la oscuridad me recuerda muchísimo a aquel Luneth que se caía por un agujero, sin saber que ese pequeño accidente le llevaría a salvar un mundo acechado por el mal. Estamos ante unos Guerreros de la Luz modernos, pero lo siguen siendo, se siguen queriendo y sintiendo y, aunque la trama no termine tan arriba como podría haber terminado con todo lo que debe haber en la libreta de los desarrolladores, estamos ante un Final Fantasy que todo amante del JRPG debería jugar.

 

Anuncios